Además de los cambios evidentes que supone tener un hijo, tenemos que pensar también en dedicarle un cuarto propio. En los primeros años, su evolución será imparable, por eso es adecuado pensar en un espacio que pueda adaptarse a esos cambios, para evitar el problema que supondrá que ciertos muebles, o incluso la decoración, tengan una caducidad demasiado temprana.

Así, nuestras mejores aliadas serán las estructuras variables, que nos permitirán que la habitación se adapte a las diferentes fases del desarrollo del niño.

El mueble nos presenta este ejemplo, en el que la cuna pasará a ser cama, simplemente quitándole la barrera de protección. Viene provisto, además, de un nido, por si el niño invita a dormir a amigos.

En la librería puente, ahora se pueden situar cestas con todo lo necesario para el bebé, pero en unos años puede servir para el almacenaje de libros y juguetes del pequeño.

Tanto los muebles como las paredes y los textiles, son de un color muy neutro, lo que los hace perfectos para un bebé, pero adaptables para cuando el niño crezca, por no ser demasiado infantiles.