Últimamente las oficinas y, en general, el diseño de los espacios de trabajo era trending topic entre los profesionales relacionados directa o indirectamente con el sector de la construcción. El Confinamiento nos obliga ahora a replantearnos o por lo menos a cuestionar nuestra relación, no tanto con el espacio de trabajo, sino con el acto de trabajar como tal.

 

Según datos unánimes de algunas de las principales consultoras inmobiliarias (Savills Aguirre Newman, Cushman & Wakefield, JLL, BNP Paribas Real Estate…), 2019 ha sido el año de oro del mercado de oficinas en España, con cifras de contratación récord en Madrid y Barcelona.

Ser flexibles…para no romperse.

La gran “novedad” en este segmento ha sido el auge del coworking o la oficina flexible. Este modelo parece cundir aquí después de haber demostrado ser un concepto ya consolidado en el ámbito anglosajón, impulsado en particular por las denominadas startups de la Silicon Valley, y apoyada por las inmobiliarias que buscan diversificar su oferta; ante la saturación del espacio en centros urbanos.
Aquí en España, puede que tarde más en consolidarse como modelo verdaderamente rentable, y queda por ver ahora qué va a pasar en el escenario post-confinamiento, con la dificultad que supone jugar a las pitonisas, ante un fenómeno inédito de tal magnitud…
Si bien es incuestionable que la pandemia del covid-19 va a golpear duramente el crecimiento económico mundial a corto plazo, la resiliencia es lo que es: imparable. Los optimistas, sabemos que no hay mal que por bien no venga, ni ningún mal que cien años dure. La historia universal ha demostrado que el mundo siempre ha sabido superar las crisis, con dolor y lágrimas, pero con determinación. Es una cuestión de saber ajustarse a los cambios venideros y aprender de los errores del pasado. El sector de la construcción no va a ser una excepción.  Es más… A tiempos revueltos, ganancias de pescadores. Y paro ya con los refranes de sabiduría popular.

Ilustración Joep Bertrams

El problema es… cómo trabajamos.

Ser flexible. Justamente es de lo que se trata. El confinamiento como medida preventiva para contener la pandemia del covid-19, ha generalizado otro fenómeno de la flexibilidad laboral que ya llevaba más tiempo que la moda del coworking, aplicándose en la cultura de empresa: el teletrabajo. Estos días, en que por necesidad algunos de nosotros seguimos trabajando desde casa, nos ponen ante una reflexión necesaria sobre la relación que tenemos con el espacio físico de trabajo. Me atrevo a decir, en conocimiento de causa, que el mayor problema del teletrabajo no es el puesto de trabajo sino, cómo trabajamos… Veo pasar por las redes sociales una infinidad de “buenos consejos” para acometer su trabajo remotamente y no morir en el intento. Uno me dio la risa porque rezaba “¡Vístete! Entendí lo que quería decir el autor, pero me imaginé al empleado temeroso de que el jefe se le apareciera en la pantalla, cuan poltergeist, y le pillara en batín sórdido con estampado de Tex Avery ¡Hasta Tom Ford está dando “truquillos” para mimetizar a los supermodelos delante de la webcam! Justamente este es el problema… No se trata de trasladar a casa la misma mala praxis que se da en la oficina y que se puede resumir con un solo neologismo: Calentar la silla.

Poco ruido y muchas nueces

Ilustración T6cao par Nadja

Sea cual sea la estrategia de cada uno para “reproducir” la oficina en casa, su compromiso con la empresa, o con su propio trabajo, no varía y no se garantiza con mecanismos de fichaje ni con control de los objetivos. Hacer mero acto de presencia en la oficina o en un lugar de trabajo, es tan perjudicial -tanto para el empleado como para quien le emplea- como estar en casa ocioso. Significa que, tanto desde gerencia como por parte del empleado, falla la motivación que es realmente el motor de la productividad bien entendida: poco ruido y muchas nueces. Pero esto es otra historia… Para la sociedad en su conjunto, las ventajas del teletrabajo son reales y más obvias que nunca en estos días de confinamiento: contribuye a solucionar la conciliación de la vida familiar y laboral, ahorrar en gastos estructurales corporativos y hasta en reducir los problemas de congestión urbana con el subsecuente impacto medioambiental. Puede que muchas empresas quieran perennizar estos beneficios cuando salgamos todos del confinamiento. Esto a priori no compromete la buena salud que estaba experimentando hasta la fecha el mercado inmobiliario de las oficinas. Al fin y al cabo, somos seres sociales. Si hay ventajas en trabajar desde casa, los hay iguales sino más en estar en una oficina con compañeros, siempre que los que conciben las oficinas sean capaces de proporcionar a los que las usan a diario un entorno ergonómicamente saludable y, sobre todo, que las personas seamos igualmente capaces de crear un ambiente motivante. Pero como ya dije, esto es otra historia…